Este escritor uruguayo, nacido en 1909, de una gran originalidad en su obra, tiene dos influencias marcadas en el recorrido literario de su existencia. El gran dramaturgo norteamericano William Faulkner, es una de ellas; la otra reside en la profunda angustia de sus intimidades y desesperanzas que le da la corriente Existencialista. En un ensayo que hiciera sobre la vida de este creador, Mario Vargas Llosa dice: “Es uno de los grandes escritores modernos, no solo de América Latina. Es un escritor original, coherente, su mundo es un universo de un pesimismo, que supera gracias a la literatura” Su primera novela “El Pozo” es la primera novela moderna de Sudamérica, luego siguen “Tierra de Nadie”, “Para esta noche” y “La vida es breve”. Previo a ello había publicado unos cuentos en los Diarios “LA PRENSA “ y “LA NACIÓN” de Buenos Aires. Crea una ciudad mítica de Santa María donde habrá de transcurrir la mayoría de sus nuevos cuentos y novelas. En “El Pozo” hay una tendencia existencialista influida por Jean Paul Sartre y Albert Camus, que va a dominar como corriente durante casi 10 años la literatura occidental.
Luego habrán de venir otras novelas y la colección de cuentos “Un sueño realizado”, “El Infierno tan temido” y “Tan triste como ella”. Pero el tránsito que hay a la madurez y a la autonomía de una obra, que no sólo es inédito en la narrativa hispánica, sino que personajes y recuentos vagan de un libro a otro enriqueciendo el conjunto. “La Vida Breve”, “El Astillero” y “Juntacadáveres” conforman la “Trilogía de Santa María”. Transcurren en esa población imaginaria, habitada por los mismos personajes, cediéndose el protagonismo unos a otros, sin perder ellos su propia especificidad. Onetti es un maestro en esos temas comunes y sórdidos; la soledad, la prostitución, la rutina y el dinero forman un conjunto que en el caso de la “La vida breve” relata el desdoblamiento de un ser tímido y sin aliento, a otro personaje violento que planea un crimen, es aquí donde se da la fundación de “Santa María” un pueblo mítico y ficticio a la usanza de MACONDO con García Márquez y COMALA de Juan Rulfo. “El Astillero” y “Juntacadáveres” están centrados en la historia del personaje Junta Larsen, la última, aunque escrita a posteriori, se refiere a hechos anteriores de Larsen, cuando este proyecta organizar, de manera científica, un burdel en la hipócrita sociedad de “Santa María”. En “El Astillero” se relata el delirio y la derrota del personaje.
En el año 1974, la dictadura de Bordaberry lo encarcela y luego de algún tiempo se le permite ir al exterior. Va a España donde vivirá hasta su muerte 20 años después. En ese exilio, Onetti escribe el epílogo de esa ciudad imaginada con “Dejemos hablar al viento” que es una especie de Apocalipsis de esa ficticia población y de sus reiterados habitantes. Allí hay un personaje extraño y misterioso de apellido Medina, que ejerce la medicina y la pintura, bajo la protección de una prostituta, y que al regresar a “Santa María”, actúa como comisario, sumido en la mayor degradación física y moral. Concluye su ciclo creativo, un año antes de morir, con una especie de testamento onettiano, con la obra “Cuando ya no importe”.
Onetti creó para sí mismo una escritura lacónica, que unido a su particular temperamento, produjo un estilo muy fructífero en la narrativa española. Emir Rodríguez Monegal, el gran crítico literario le preguntó una vez: ¿Qué dones sobrenaturales quisieras tener? Y Onetti respondió, sin titubear, “Hacerme invisible”. Era el reflejo de una timidez que le acompañó durante toda la vida. Hay una anécdota muy reveladora del carácter de este consagrado autor en una conversación con Vargas Llosa. Este le refiere que tiene horarios fijos para escribir y la respuesta de Onetti es de antología: “Mira, lo que pasa es que tu tienes un amor conyugal con la literatura, tú estás obligado a cumplir con tu señora esposa y yo tengo un amor pasión, absolutamente no conyugal, y entonces hago el amor porque me da la gana y cuando tengo gana”.
Concedió muchas entrevistas para la prensa escrita, la radio y la televisión. Fue terco en nunca hablar de su infancia ni de su obra. Decía que después de escritos los libros ya no le interesan. Y en cuanto a narrar su vida, prefirió siempre dejar fuera del campo algún hecho o rasgo biográfico. Creemos que utilizó a los medios para crear su propia desaparición, garantizando así su particular independencia. Recibió muchas distinciones y galardones; fue postulado para el Premio Nobel de Literatura. Muere en Madrid el 30 de Mayo de 1994.
Luego habrán de venir otras novelas y la colección de cuentos “Un sueño realizado”, “El Infierno tan temido” y “Tan triste como ella”. Pero el tránsito que hay a la madurez y a la autonomía de una obra, que no sólo es inédito en la narrativa hispánica, sino que personajes y recuentos vagan de un libro a otro enriqueciendo el conjunto. “La Vida Breve”, “El Astillero” y “Juntacadáveres” conforman la “Trilogía de Santa María”. Transcurren en esa población imaginaria, habitada por los mismos personajes, cediéndose el protagonismo unos a otros, sin perder ellos su propia especificidad. Onetti es un maestro en esos temas comunes y sórdidos; la soledad, la prostitución, la rutina y el dinero forman un conjunto que en el caso de la “La vida breve” relata el desdoblamiento de un ser tímido y sin aliento, a otro personaje violento que planea un crimen, es aquí donde se da la fundación de “Santa María” un pueblo mítico y ficticio a la usanza de MACONDO con García Márquez y COMALA de Juan Rulfo. “El Astillero” y “Juntacadáveres” están centrados en la historia del personaje Junta Larsen, la última, aunque escrita a posteriori, se refiere a hechos anteriores de Larsen, cuando este proyecta organizar, de manera científica, un burdel en la hipócrita sociedad de “Santa María”. En “El Astillero” se relata el delirio y la derrota del personaje.
En el año 1974, la dictadura de Bordaberry lo encarcela y luego de algún tiempo se le permite ir al exterior. Va a España donde vivirá hasta su muerte 20 años después. En ese exilio, Onetti escribe el epílogo de esa ciudad imaginada con “Dejemos hablar al viento” que es una especie de Apocalipsis de esa ficticia población y de sus reiterados habitantes. Allí hay un personaje extraño y misterioso de apellido Medina, que ejerce la medicina y la pintura, bajo la protección de una prostituta, y que al regresar a “Santa María”, actúa como comisario, sumido en la mayor degradación física y moral. Concluye su ciclo creativo, un año antes de morir, con una especie de testamento onettiano, con la obra “Cuando ya no importe”.
Onetti creó para sí mismo una escritura lacónica, que unido a su particular temperamento, produjo un estilo muy fructífero en la narrativa española. Emir Rodríguez Monegal, el gran crítico literario le preguntó una vez: ¿Qué dones sobrenaturales quisieras tener? Y Onetti respondió, sin titubear, “Hacerme invisible”. Era el reflejo de una timidez que le acompañó durante toda la vida. Hay una anécdota muy reveladora del carácter de este consagrado autor en una conversación con Vargas Llosa. Este le refiere que tiene horarios fijos para escribir y la respuesta de Onetti es de antología: “Mira, lo que pasa es que tu tienes un amor conyugal con la literatura, tú estás obligado a cumplir con tu señora esposa y yo tengo un amor pasión, absolutamente no conyugal, y entonces hago el amor porque me da la gana y cuando tengo gana”.
Concedió muchas entrevistas para la prensa escrita, la radio y la televisión. Fue terco en nunca hablar de su infancia ni de su obra. Decía que después de escritos los libros ya no le interesan. Y en cuanto a narrar su vida, prefirió siempre dejar fuera del campo algún hecho o rasgo biográfico. Creemos que utilizó a los medios para crear su propia desaparición, garantizando así su particular independencia. Recibió muchas distinciones y galardones; fue postulado para el Premio Nobel de Literatura. Muere en Madrid el 30 de Mayo de 1994.
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