El artículo 24 de la Carta Interamericana, dice así: “Para asegurar su eficacia e independencia, las misiones se realizarán de manera objetiva, imparcial y transparente”. Ello está en total contradicción con la actitud asumida por el Sr. Insulza, Secretario General de la O.E.A., quien sin consultar las partes, ha comprometido a la Organización al reconocer y prometer al depuesto Presidente Zelaya acompañarlo a su presunta vuelta a Tegucigalpa. Todo esto sin antes escuchar a las instancias correspondientes. Eso constituye un agravio y un insulto a la soberanía del Estado hondureño, que sin entrar en las consideraciones de fondo de su crisis actual, fueron sus propios poderes los que asumieron y tomaron las medidas que han conducido al problema de hoy. A esto hay que añadir las declaraciones emitidas en Managua por Raúl Castro, quién habló de democracia, pluralismo, libertad, derechos humanos, elecciones libres. etc... Sin acordarse u olvidando que esas acepciones no se cumplen en Cuba. O es acaso que los pueblos sufren de amnesia y no recuerdan los graves calificativos que La Habana le endilgó al Sistema Interamericano y las constantes violaciones de la soberanía de otros pueblos en sus incursiones armadas.
No hay duda de que la salida de Zelaya está inscrita en el típico golpe militar, pero estos últimos señalan que cumplieron ordenes del Tribunal Supremo y del Consejo Electoral de ese país, y es curioso observar que siendo ellos los autores de la detención y expulsión de suelo hondureño del depuesto Presidente, no ejercen ningún tipo de decisión posterior en el nuevo gobierno, que se designa de acuerdo a las leyes y procedimientos constitucionales de esa República. El actual Presidente Roberto Micheletti, fungía como cabeza del Poder Legislativo y es a quien corresponde sustituir la falta absoluta del Presidente, hasta culminar su período. Las razones que se esgrimen para justificar la salida de Zelaya, son la intención muy personal de provocar una consulta electoral para convertirla posteriormente en Asamblea Nacional Constituyente y buscar su reelección. Procedimiento copiado al carbón de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Nosotros pensamos que la salida de Zelaya es inconstitucional, porque si son ciertos los argumentos de violaciones de su parte, la Constitución ofrece los elementos para juzgarle y sancionarle. Este se encuentra ahora en el exilio, sin apoyo ni respaldo de su propio partido, que de manera sorpresiva votó en el Congreso, por despojarlo de su investidura. Chávez, Ortega, Castro, Morales y Correa le han proporcionado cierto apoyo internacional que le permite mantenerse en el centro de la opinión. Es bueno recordar el caso boliviano, cuando derrocaron al Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y el entonces líder opositor Evo Morales apoyó ese golpe e igual lo hizo Chávez. Y el intento contra Carlos Andrés, cuya fecha es proclama hoy histórica, entonces ¿Dónde está la sindéresis de estos personajes? Y el Presidente Correa nunca fue a la OEA a reclamar por los golpes contra Bucarán, Mahuad y Lucio Gutiérrez. Ni ninguno de esos Presidentes actuales acatan las decisiones de la Comisión de Derechos Humanos, pero están invocando en estos momentos la intervención internacional para restituir a Zelaya. Son además, extremadamente celosos de la soberanía nacional, cuando algún organismo exige respeto para la oposición y las instancias políticas y jurídicas nacionales. Chávez amenaza con cortar el suministro de petróleo y nos preguntamos: ¿Cuál es la moral para reclamar el bloqueo americano a Cuba?
El principio de que la democracia representativa es indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región, dentro de la concepción de la No Intervención, se aplica en el contexto suscrito por los Jefes de Estado del Continente, cuando expresaron: “Cualquier alteración o ruptura constitucional del orden democrático en un Estado del hemisferio, constituye un obstáculo insuperable para la participación y gobierno en el proceso de cumbres de las Américas”. Se acuerda en la OEA intervenir cuando se quebranta el orden constitucional, pero igualmente se les exige a los gobiernos el respeto a los derechos humanos, a las libertades fundamentales y a la sujeción del Estado de Derecho, con un régimen plural de partidos y organizaciones políticas. No es sólo la defensa de los gobiernos elegidos democráticamente, sino también la legitimidad del ejercicio de ellos y de la obligación de cumplir a plenitud lo que se establece en sus leyes y normas. En un Estado democrático todo debe darse dentro de la Constitución, imperativo para los gobernados pero fundamentalmente para los gobernantes. Hace casi 30 años, el pueblo hondureño adoptó por un gran consenso su actual Constitución. Ella sólo puede modificarse por las dos terceras partes de los votos de los parlamentarios; por lo que ni el Presidente ni ningún otro poder puede abrogarse esta atribución y mucho menos convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, que no está contemplada en el texto de la Carta Magna, bajo el subterfugio de “una encuesta de opinión”. Esa misma Constitución establece castigos y sanciones a quien pretenda imponer ese tipo de Reformas. Está prohibida la reelección y se castigará a quien la solicite. Cuando Zelaya destituye al Alto Mando Militar porque estos le hacen la observación del precepto constitucional, no solo está violando los derechos de esos oficiales, sino que se está colocando al margen de la Ley. Esos oficiales no actuaron violentamente, acudieron al Tribunal Supremo de Justicia y éste les dio la razón, ordenó su restitución y sancionó al Presidente.
Zelaya anunció su disposición de volver a Tegucigalpa. El actual gobierno ha dicho que lo someterá a juicio. No es la primera ve que un gobierno funciona sin el reconocimiento internacional o que un Presidente regresa y se reinstala en el Poder, todo ello depende de la fuerza de las alianzas de los factores políticos, de los militares y de algunas otras instituciones con peso específico. Todo ello será posible si hay la disposición de un gran compromiso entre las partes de llegar a las elecciones de Noviembre, de acatar sus resultados y de cumplir la letra y el espíritu de la Constitución. La OEA pudiera ser un organismo idóneo para ser mediador y facilitador de ese entendimiento. Ojalá y entienda a cabalidad su misión y no se deje influir por los mas chillones, agresivos e intemperantes de sus miembros. El Sr. Insulza pudiera resultar un magnífico mediador o complicar, por su camaleónico estilo, la situación hondureña.
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