A mis hijos Daniela, César José, César Rafael, Beatriz Elena y María Fernanda. Cinco razones para el orgullo.
CESAR YEGRES MORALES
Leo nuevamente la obra cumbre de Gabriel García Márquez. Allí está el compendio de todo cuanto había producido el autor, particularmente en “La Hojarasca”, “Los funerales de la mamá grande”, “La mala hora” y “El Coronel no tiene quien le escriba”. Quienes conocen de la materia afirman que el arte de novelar contiene tres elementos sustanciales; el relato, o lo que se nos cuenta en forma muy directa, el enunciado del texto en el orden y disposición en que lo leemos y con los límites que se marca. Ambos suponen una historia compuesta por la sucesión en orden cronológicos de unos acontecimientos que el relato puede narrar o no, y en tercer lugar una narración o acto de contar, con la intervención, perceptible o no, del narrador. En CIEN AÑOS DE SOLEDAD, el predominio del relato es total y absoluto. El interés virtual de aquello que no se comunica no tiene entidad cuando se le compara con la extraordinaria riqueza de todo cuanto aparece a lo largo de la narración. Son infinidades de seres, personajes, cosas y situaciones que el autor nos prodiga a manos llenas.
La fundación de MACONDO origina lo que se narra luego, es decir el relato mismo y la introducción de una maravillosa prolijidad de lo real. Narrar, en la historia de la novela, ha consistido en seleccionar, acallar, distanciar o comentar. Es evidente que esta obra contiene la existencia de varios géneros literario, puede ser o un cuento muy largo o en definitiva una novela. García Márquez nos crea la ilusión, no de que las cosas han sucedido, sino que están sucediendo. Desde este presente y ante este presente, se nos presenta un futuro que aún no existe, y el posible ejercicio de la libertad de las personas. El levantamiento del Coronel Aureliano Buendía, el disparo que mata a José Arcadio, el fusilamiento del General Moncada, los desaforados amores de Aureliano y Amaranta Úrsula y los tantos caprichos y situaciones que convierten el relato en una esplendorosa aventura. El ejemplo de José Arcadio Segundo, que nos expresa la relación de la huelga masiva y la masacre de los trabajadores. El autor nos lleva a una acción en el pasado, pero queda sobreentendido que él posee la clave del sentido de unos sucesos como si ya hubieren tenido lugar. O para decirlo de otra forma, como si hubiera conocido el secreto de los manuscritos de Melquíades cuyo desciframiento coincide con el final del relato, y donde resulta que la historia de la familia ya estaba escrita. No es la experiencia de la lectura novelesca. El cuento sorprende, sobrecoge, entretiene, convence, pero no propone al lector una entrada. El cuento no lo involucra, no busca que se identifique con los personajes. La novela sí. En el primer capítulo que arranca con la fundación de MACONDO, dirigida por José Arcadio Buendía, interviene de seguidas Melquíades, que pronto se convertirá en un personaje muy influyente. El hielo es uno de los inventos que se debe a este ser misterioso y mágico. El éxodo de los gitanos a los que pertenece se remonta a épocas bíblicas. Luego se agrega Pilar Terrera miembro de la generación fundadora. José Arcadio que se había hecho hombre con la complicidad de Pilar, se marcha un día y su madre Úrsula Iguarán sale en su búsqueda que dura varios meses. Al retornar vuelve al pueblo la normalidad. Pero Aureliano, el otro hijo de Úrsula, expresa ante ella una especie de presagio: “Alguien va a venir”. Ese pronóstico se cumple con la llegada de la niña Rebeca, que va a traer consigo la enfermedad del insomnio que dura mucho, con la curación reaparece Melquíades, que se quedará viviendo en la casa. Asimismo, se incorpora al pueblo Don Apolinar Moscote, el corregidor, a quien José Arcadio recibe de muy mala gana, pero una de las hijas de aquel, Remedios, adquirirá categoría de personaje. Igualmente se presenta un italiano de nombre Pietro Crespi, que llegará a ser un complemento importante, no solo porque instala una pianola en casa de los Buendía, sino porque desata pasiones enamoramientos y hasta celos.
Muere Melquíades y poco después, José Arcadio, el fundador, pierde la cabeza y solo sobrevive, amarrado al tronco de un árbol. Con la desaparición de estas dos figuras emblemáticas, se cierra un capítulo y comienza otro con la boda de Aureliano Buendía y Remedios Moscote. La primera transformación importante de este pueblo, se sucede cuando Úrsula encuentra la ruta para salir de la ciénaga y comunica a MACONDO con el mundo. Por esa ruta llega la primera oleada de inmigrantes que convierte a la comunidad en una localidad de talleres y comercios, “la escueta aldea de otros tiempos se convirtió muy pronto en un pueblo muy activo, con tiendas y talleres de artesanía, y una ruta de comercio permanente por donde llegaron los primeros árabes”. Los habitantes de MACONDO se hacen artesanos y comerciantes, esto se proyecta en la familia Buendía; el joven Aureliano aprende a trabajar la plata y Úrsula monta un “negocio de animalitos de caramelo”. Poco después surgen nuevas instituciones para el gobierno de esa sociedad, que hasta entonces, ha tenido una estructura tribal. Llega el corregidor, la Iglesia, la Policía. Se inician las guerras civiles que duran casi 20 años y que mantienen al pueblo en cierto receso histórico. Durante ese período de guerra, se instala el telégrafo, Al concluir la lucha armada, MACONDO se convierte en Municipio, se designa su primer Alcalde y se da lugar a un cierto período de prosperidad que comienza con la restauración urbana, el ferrocarril, la luz eléctrica, el cine, teléfonos y hasta un primer intento de desarrollo industrial con la fábrica de hielo que luego se convertirá en helados. La otra transformación histórica de esta sociedad, desde el punto de vista económico, se produce con la entrada en escena de una Compañía americana dedicada a la explotación de la siembra, producción y exportación del banano. Esto convierte a MACONDO en un monoproductor de materia prima para una potencia extranjera y es en definitiva una sociedad dependiente. El pueblo se transforma y al lado del original, surge el pueblo de los gringos. “Un pueblo aparte, de casas con ventanas de redes metálicas, calles bordeadas de palmeras, mesitas blancas en las terrazas, ventiladores de aspas y extensos prados”. Los antiguos comerciantes, artesanos, o dueños de tierras se convierten en asalariados agrícolas, pero además, la fuente de trabajo creada por la compañía, atrae a MACONDO a una multitud de forasteros; esta segunda, masiva inmigración cambia por completo el aspecto y la vida del pueblo. Surge un pueblo de diversión y para los forasteros “ un tren cargados de p... inverosímiles”. Llega el primer automóvil y el poder de la compañía comienza a tener influencia política. Se producen cambios en la estructuras burocráticas y se da comienzo a unos enfrentamientos de conflictos sociales que degenera en un huelga general brutalmente reprimida por el ejército.
La fuerza de la naturaleza se hace presente en un diluvio que adquiere rango de cataclismo y con ello el abandono de la compañía que desmantela sus instalaciones y se marcha. Pero tras de ella se van también los miles de forasteros que atrajo la fiebre del banano. Ese lugar donde florecieron las plantaciones, se convierte “en un tremedal de cepas putrefactas”. MACONDO inicia una existencia monótona y ruinosa de aislamiento y pobreza, hasta convertirse “en un pueblo muerto y deprimido por el calor”. Otro cataclismo terminará con él y con los pocos supervivientes que lo habitan, esa sociedad había cumplido ya con su ciclo existencial, llegado a extremo de la decadencia. Mario Vargas Llosa dice que CIEN AÑOS DE SOLEDAD es una novela total por su materia, en la medida en que describe un mundo cerrado, desde su nacimiento hasta su muerte y en todos los ordenes que lo componen – el individual y el colectivo, el legendario y el histórico, el cotidiano y el mítico- y por su forma, ya que la escritura y la estructura tiene como la materia que cuaja en ellas, una naturaleza exclusiva, irrepetible y autosuficiente. Carlos Fuentes le escribe a otro portento de la literatura latinoamericana, Julio Cortázar y le dice: “Acabo de leer el original de CIEN AÑOS DE SOLEDAD. Es una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora. Me siento nuevo después de leer este libro, como si le hubiese dado la mano a todos mis amigos. ¡Que prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario! Esa novela, continúa Fuentes, es una generación y una regeneración infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin. Definitivamente, Gabriel García Márquez, después de publicar “La Hojarasca”, “Los Funerales de la Mamá Grande”, “La Mala Hora” y “El Coronel no tiene quien le escriba”, resume en “CIEN AÑOS DE SOLEDAD” gran parte de la historia de Colombia, desde la llegada de los conquistadores, la guerra de Independencia hasta las fases conflictivas del Siglo 20. Los procesos socio- políticos como la guerra civil entre Liberales y Conservadores, las elecciones, el auge del banano, las huelgas y el poder del capitalismo. De su sugerencia y fuerza alusiva depende en buen número las lecturas virtuales. Ese tiempo histórico aludido, cuyos confines se mencionan con sutileza, ocupan un espacio-tiempo de casi cuatro siglos. La novela hispanoamericana precedente abundaba en rebeliones políticas, alzamientos militares, empresas que desangraban un país, dictadores vitalicios, etc... Todo ello ocupaba con firme presencia los primeros planos del discurso narrativo. En CIEN AÑOS DE SOLEDAD, toda esa materia está contenida, pero trasmutada pues ha pasado de simple anécdota a categoría. Y, con ello, la novela no solo alude a una particular situación colombiana sino a toda la América Latina. Esta obra puede ser considerada como la mejor y más acabada expresión del realismo mágico, porque en el tratamiento de la realidad colombiana se establecen los rasgos distintivos esenciales.
miércoles, 19 de agosto de 2009
CIEN AÑOS DE SOLEDAD
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