miércoles, 19 de agosto de 2009
“LA HUELLA INSONDABLE”: Un ensayo para la reflexión
Tomando una variedad de personajes de Miguel de Cervantes: el escritor Jesús Torres Rivero se prodiga en un enjundioso ensayo para el conocimiento, la explicación y la comprensión de nuestra identidad étnica. “La Huella Insondable” es el sugerente nombre que como el propio autor cumanés señala, es algo muy parecido a su propio ser y a las vicisitudes de su existencia.
A Cervantes le corresponde un ciclo existencial, ubicado entre dos siglos y dos cosmovisiones: Renacimiento y Barroco. Víctor Hugo opinaba: “Hay que leerlo entre líneas, porque tiene su aparte, pero más que uno, existen muchos matices o apartes en EL QUIJOTE, la obra que va unida en forma indeleble al autor”. La multitud de temas o de cuestiones y la complejidad u hondura de su pensamiento –aparte del estilo, belleza, riqueza literaria en cuanto a fonemas, términos, vocablos – forman no uno, sino múltiples sentidos sin detrimento de la unidad de la primera novela del mundo. Colocada ella como la más emblemática de todos los tiempos, El Quijote es inseparable de su autor. Hablar del caballero de la triste figura y de su autor parece una misma cosa; pues tanto uno como el otro son resultado de una misma y única voluntad. Cervantes no solo fue un ilustre hidalgo, hombre integro, lleno de humanidad y de humanismo, poeta e ilustre soldado bajo las banderas de Felipe II, del cual se decía que en sus dominios no se ponía el sol.
Aquellos territorios sobre los que reinaba Felipe II, Príncipe del Renacimiento, Aquellas cincuentas futuras naciones, constituían en tiempos de Cervantes un conjunto de entidades de identidad nacional o unitaria, aún bajo un Estado providencial. Era la mayor empresa del mundo sobre la que jamás un monarca hubiera podido soñar ejercer su poder; gracias a una fe prodigiosa, a un afán de aventuras, a altos ideales. No en vano el monarca debía meditar muy hondamente sus graves decisiones, Si Cervantes vivió entre tres reinados, no podemos olvidar los principios, los fines heredados de un tiempo inmediato a su nacimiento, como tampoco sus consecuencias, marcando la evolución del Imperio a través de Felipe II, III y IV. Aquella realidad jurídica, política, étnica y cultural que era el Imperio hispano-portugués se encontraba en su cenit, al sobrevenir su nacimiento. Sería Cervantes, entre otros, uno de los hombres más representativos al ser parte fundamental de los hechos que cimentaron la hispanidad, como lo serían igualmente Lope de Vega o Calderón de la Barca, solo por citar otros escritores-soldados, Aunque la vida de Cervantes se sitúa entre los Siglos XVI y XVII, aquella unión famosa de las armas y las letras iba a configurar uno de los últimos arquetipos en las postrimerías de aquel período socio-político, cuando el autor del Quijote llega a la madurez creando en él un sustrato cultural de vital importancia.
La literatura no es solo reflejo de las formas de vida, acontecimientos políticos, modos de pensar de un tiempo, sino de todo un sentido casi autobiográfico con un claro propósito ejemplificador, sin que en su sencillez y austeridad, acaso se le hubiere ocurrido a Cervantes, pues era la formulación de lo español a la par que recogía su sentir particular, su moral, su cristianismo. Así era efectivamente, porque aquella historia era en buena medida, la del combatiente contra el turco, el cautivo en “LOS BAÑOS DE ARGEL” o el enamorado en “LA GRAN SULTANA”
Los españoles comenzarían la expansión descubriendo las Islas de Guananí (San Salvador), Juana (Cuba) y Santo Domingo en aguas del Caribe; posteriormente Venezuela, México y los inmensos territorios que consecutivamente conformaron los Estados Unidos de América. Los mitos de Cipola, El Dorado y los grandes ríos, Mississipi, Río Grande, Amazonas, Orinoco. Españoles y portugueses se habían repartido el mundo y Núñez de Balboa, desde el istmo de Panamá, descubría el Pacífico. Con la expresión: “Yo soy hijo de la piedra, que padre no conocí”del personaje Pedro de Urdenalas, Torres Rivero nos plantea la ruptura e inicio de una forma de pensar y existir para una época. Nosotros pudiéramos definirlo como el deslinde subjetivo de un ayer que concluía y un mañana que se comenzaba a imaginar en la medida de las aspiraciones y los sueños. Definitivamente era un cambio profundo en el español de esa época, atrapado entre la nobleza y la iglesia. Este personaje, que es la expresión de la picardía, de la viveza o de la bellaquería a la que tiene que acudir para enfrentar su condición marginal, como bien señala el ensayo, es rescatado por Cervantes en una literatura popular, convirtiéndolo en un prototipo de la condición humana con todo lo ella conlleva.
El español que llega a nuestras tierras, no solo interviene en nuestra conquista territorial, sino que trae consigo, al decir de Andrés Eloy Blanco en su “Canto a España”... “y fui sonoro cuando tuve nidos, porque tus ruiseñores anidaron en mí”, refriéndose a la lengua. Pero es además, un evangelizador que se siente en el deber de dar a conocer su fe y su Dios. E igualmente es una mentalidad de leyendas, mitos y ritos de los que difícilmente se va a desprender. Rufino Blanco Fombona, citado en el ensayo por su obra: “El Conquistador Español del Siglo XVI” expresa: “Para conocer el modo de ser español, en alguno de sus rasgos esenciales, se empleará aquí la palabra raza, no en sentido antropológico, sino como grupos de gentes con determinados caracteres físicos y psíquicos que durante largos períodos se han desenvueltos en circunstancias que les permiten tener y conservar ciertas características”. Eran seres con profundas y arraigadas creencias fantasiosas y mágicas, propagadores de leyendas, convencidos en absoluto de mitos que le dieron a nuestra cultura una carga extraordinaria de lo que hoy se denomina la raza latina. Arturo Uslar Pietri define esto en una frase magistral, asimismo citada: “No somos una raza, sino una cultura cósmica”.
El libro rechaza, por exagerada, la visión del escritor y psiquiatra Francisco Herrera Luque en su obra “Los Viajeros de India” quien expone una tesis que nosotros tampoco compartimos, de afirmar que los hispanoamericanos y en particular los venezolanos tenemos una especie de sino o estigma, una marca maldita, de la que no escaparemos jamás. Ello está en contradicción asimismo con un antológico ensayo de Don Mario Briceño Iragorry que afirma que Venezuela había tenido el privilegio de un mestizaje maravilloso, totalmente distinto y más amplio en comparación a otros países iberoamericanos; porque en nuestra composición se daban cita el indígena, el español, el africano y el árabe, porque no en balde los moros permanecieron siete siglos en España. Continúa Don Mario que, a raíz de nuestro proceso independentista, se da en Venezuela, a diferencia de otros países del área, una gran homogeneidad social. Así, nunca hemos tenido problemas raciales, religiosos ni de xenofobia. Esa mezcla aludida nos ha hecho ser distintos y diferentes. El proceso de mestizaje era casi espontáneo, afirma Torres Rivero, que apoyado en textos de algunos historiadores, tales como Isaac Pardo y Demetrio Ramos, quienes dicen, que tan pronto el español se instalaba, comenzaba un cambio en su comportamiento tanto de costumbre y lenguaje como por su relación con los indígenas y con Mariano Picón Salas, agrega que ese español era más fundador que otra cosa y sin que dejara de interesarse por otras cosas, como las económicas, su visión y su propósito era dar lugar a pueblos. Reconoce Torres Rivero en su ensayo, las tropelías, crímenes y barbaries de una gran legión de los conquistadores. Juan de Ampíes, Lope de Aguirre, Gonzalo de Ocampo, Diego de Ordáz. Juan González, Francisco Vides... pero igualmente tres hombres como Pedro Córdova, Antonio Montesinos y Bartolomé de las Casas, al igual que tantos otros, impusieron un freno a esos desmanes y ayudaron a mejorar las relaciones española-indígena. La influencia del Padre Bartolomé de las Casas es notoria en la sanción de las Leyes de Burgos que humanizaron el trato a los indígenas. Apunta y reflexiona sobre el arrojo de los españoles; su no miedo a la muerte, producto tal vez de sus arraigadas convicciones religiosas, la creencia en la resurrección y en un estadio de vida superior, hacen decir a Ortega y Gasset que es como “una búsqueda inconsciente de la inmortalidad”.
Un porcentaje muy elevado de origen de los conquistadores eran nativos de Andalucía. Cumaná llegó a ser denominada en una época Nueva Andalucía. Y este tipo de español trae consigo unas características que hemos heredado como fundamento de nuestro mestizaje. Herrera Luque afirma: “Andalucía fue la parte de España que se desgajó con su sorna para darnos vida”. El andaluz tiene una particular gracia, no solo en su hablar, sino que en su estructura y en sus viseras posee una picardía innata que forma parte indisoluble de su especificidad humana. Torres Rivero acude en su narrativa a ejemplos de mucha plasticidad al respecto. Hay un maravilloso pasaje, atribuido a Cervantes, que testimonia esta particularidad andaluza. Dice el autor de El Quijote en la obra “La Tía Fingida” al referirse la tía a Esperanza: “Los extremos tienen de todo, como en boticarios, y son como la alquimia, que si llega plata, lo es, y si a cobre, cobre se queda. Para los andaluces, hija hay necesidad detener 15 sentidos, no que 5; porque son agudos y perspicaces de ingenio, astutos, sagaces y no nada miserables” Todo ello contiene elementos atávicos que definen una conducta, porque es el nombre de la Cruz el que se utiliza como arma arrojadiza o escudo defensivo. Es preciso entender esto para derivar el compromiso originario del espíritu sacrificial. Existe un viejo aforismo que dice que el italiano es la lengua del arte, el francés la del amor, el inglés la de los caballos y el alemán el de la guerra; pero el castellano es el idioma para hablar con Dios.
Nosotros decimos que sin la lengua de Cervantes, uno de los idiomas más ricos del mundo, no podríamos haber conocido la obra del mayor de los escritores y retomando nuevamente a Cervantes, debemos decir que es un signo de identidad del ser hispano. El es el “ha de ser”, que exige el antiguo código de honor. Se destacó por su afán de servicio, bondad hasta la ingenuidad, tampoco exento de cierta picardía en su época más madura. Con un sentido del humor que nunca fue cáustico ni visceral, sino más bien refinado e inteligente, crítico e irónico, pero nunca sarcástico. Es ese tono sosegado, carente de odios, a pesar de todas las humillaciones y falsas acusaciones, el que configura el temple del más grande de los escritores de lengua castellana: Don Miguel de Cervantes y Saavedra.
Torres Rivero nos conduce, bien documentado, en estupenda y comprensible escritura, a un mundo mágico. Lleno de todos los elementos que tipifican al conquistador y al indígena y nos deja abierto el camino para la discusión y la permanente búsqueda. El encanto de los personajes cervantinos que le dan contenido y sentido al ensayo, son el bagaje de un fenómeno político y cultural que toma asiento en nuestro continente. Nuestros indígenas tuvieron su propia cultura; el mundo africano aportó otro tanto, la mora por su permanencia ibérica. ¡Pero España! La España de siempre nos legó costumbres, tradiciones y tantas otras cosas; pero en particular ¡La Lengua! Esa maravilla de comunicación y expresión que pudiéramos resumirla en aquella conversación de un niño cristiano y un miembro del Islam en la cual el musulmán expresa:
¿En que lengua?
En vizcaína,
que es lengua que se averigua
que lleva el lauro de Antigua
a la Etiopía y a la Abisinia
Esa lengua de valor
por su antigüedad es sola,
enséñale la española
que la entenderá mejor
El politólogo Jesús Alberto Castillo hace una atinada presentación del ensayo en cuestión, resaltando los elementos de la “América Colombina” y expresando que el autor se prodiga en un texto de herencia cultural trascendente. Cierto o falso, se dice que Bolívar, poco antes de morir, exclamó que entre los grandes majaderos de la historia estaban, entre otros, el caballero de la triste figura y él. Ello denota la influencia del pensamiento del Quijote en el Libertador. Torres Rivero, en su magnífico trabajo, nos hace sentir el orgullo del gentilicio indígena, español, africano y árabe. Nos reencuentra con nuestros orígenes y de la identidad de la que estamos conformados. Esto lo expresó poéticamente Andrés Eloy Blanco en su “Canto a España” ya citado: “ ...Y el mundo estupefacto, verá las maravillas, de una raza que tiene por pedestal tres quillas, y crece como un árbol, hacia el cielo, hacia Dios"
CIEN AÑOS DE SOLEDAD
CESAR YEGRES MORALES
Leo nuevamente la obra cumbre de Gabriel García Márquez. Allí está el compendio de todo cuanto había producido el autor, particularmente en “La Hojarasca”, “Los funerales de la mamá grande”, “La mala hora” y “El Coronel no tiene quien le escriba”. Quienes conocen de la materia afirman que el arte de novelar contiene tres elementos sustanciales; el relato, o lo que se nos cuenta en forma muy directa, el enunciado del texto en el orden y disposición en que lo leemos y con los límites que se marca. Ambos suponen una historia compuesta por la sucesión en orden cronológicos de unos acontecimientos que el relato puede narrar o no, y en tercer lugar una narración o acto de contar, con la intervención, perceptible o no, del narrador. En CIEN AÑOS DE SOLEDAD, el predominio del relato es total y absoluto. El interés virtual de aquello que no se comunica no tiene entidad cuando se le compara con la extraordinaria riqueza de todo cuanto aparece a lo largo de la narración. Son infinidades de seres, personajes, cosas y situaciones que el autor nos prodiga a manos llenas.
La fundación de MACONDO origina lo que se narra luego, es decir el relato mismo y la introducción de una maravillosa prolijidad de lo real. Narrar, en la historia de la novela, ha consistido en seleccionar, acallar, distanciar o comentar. Es evidente que esta obra contiene la existencia de varios géneros literario, puede ser o un cuento muy largo o en definitiva una novela. García Márquez nos crea la ilusión, no de que las cosas han sucedido, sino que están sucediendo. Desde este presente y ante este presente, se nos presenta un futuro que aún no existe, y el posible ejercicio de la libertad de las personas. El levantamiento del Coronel Aureliano Buendía, el disparo que mata a José Arcadio, el fusilamiento del General Moncada, los desaforados amores de Aureliano y Amaranta Úrsula y los tantos caprichos y situaciones que convierten el relato en una esplendorosa aventura. El ejemplo de José Arcadio Segundo, que nos expresa la relación de la huelga masiva y la masacre de los trabajadores. El autor nos lleva a una acción en el pasado, pero queda sobreentendido que él posee la clave del sentido de unos sucesos como si ya hubieren tenido lugar. O para decirlo de otra forma, como si hubiera conocido el secreto de los manuscritos de Melquíades cuyo desciframiento coincide con el final del relato, y donde resulta que la historia de la familia ya estaba escrita. No es la experiencia de la lectura novelesca. El cuento sorprende, sobrecoge, entretiene, convence, pero no propone al lector una entrada. El cuento no lo involucra, no busca que se identifique con los personajes. La novela sí. En el primer capítulo que arranca con la fundación de MACONDO, dirigida por José Arcadio Buendía, interviene de seguidas Melquíades, que pronto se convertirá en un personaje muy influyente. El hielo es uno de los inventos que se debe a este ser misterioso y mágico. El éxodo de los gitanos a los que pertenece se remonta a épocas bíblicas. Luego se agrega Pilar Terrera miembro de la generación fundadora. José Arcadio que se había hecho hombre con la complicidad de Pilar, se marcha un día y su madre Úrsula Iguarán sale en su búsqueda que dura varios meses. Al retornar vuelve al pueblo la normalidad. Pero Aureliano, el otro hijo de Úrsula, expresa ante ella una especie de presagio: “Alguien va a venir”. Ese pronóstico se cumple con la llegada de la niña Rebeca, que va a traer consigo la enfermedad del insomnio que dura mucho, con la curación reaparece Melquíades, que se quedará viviendo en la casa. Asimismo, se incorpora al pueblo Don Apolinar Moscote, el corregidor, a quien José Arcadio recibe de muy mala gana, pero una de las hijas de aquel, Remedios, adquirirá categoría de personaje. Igualmente se presenta un italiano de nombre Pietro Crespi, que llegará a ser un complemento importante, no solo porque instala una pianola en casa de los Buendía, sino porque desata pasiones enamoramientos y hasta celos.
Muere Melquíades y poco después, José Arcadio, el fundador, pierde la cabeza y solo sobrevive, amarrado al tronco de un árbol. Con la desaparición de estas dos figuras emblemáticas, se cierra un capítulo y comienza otro con la boda de Aureliano Buendía y Remedios Moscote. La primera transformación importante de este pueblo, se sucede cuando Úrsula encuentra la ruta para salir de la ciénaga y comunica a MACONDO con el mundo. Por esa ruta llega la primera oleada de inmigrantes que convierte a la comunidad en una localidad de talleres y comercios, “la escueta aldea de otros tiempos se convirtió muy pronto en un pueblo muy activo, con tiendas y talleres de artesanía, y una ruta de comercio permanente por donde llegaron los primeros árabes”. Los habitantes de MACONDO se hacen artesanos y comerciantes, esto se proyecta en la familia Buendía; el joven Aureliano aprende a trabajar la plata y Úrsula monta un “negocio de animalitos de caramelo”. Poco después surgen nuevas instituciones para el gobierno de esa sociedad, que hasta entonces, ha tenido una estructura tribal. Llega el corregidor, la Iglesia, la Policía. Se inician las guerras civiles que duran casi 20 años y que mantienen al pueblo en cierto receso histórico. Durante ese período de guerra, se instala el telégrafo, Al concluir la lucha armada, MACONDO se convierte en Municipio, se designa su primer Alcalde y se da lugar a un cierto período de prosperidad que comienza con la restauración urbana, el ferrocarril, la luz eléctrica, el cine, teléfonos y hasta un primer intento de desarrollo industrial con la fábrica de hielo que luego se convertirá en helados. La otra transformación histórica de esta sociedad, desde el punto de vista económico, se produce con la entrada en escena de una Compañía americana dedicada a la explotación de la siembra, producción y exportación del banano. Esto convierte a MACONDO en un monoproductor de materia prima para una potencia extranjera y es en definitiva una sociedad dependiente. El pueblo se transforma y al lado del original, surge el pueblo de los gringos. “Un pueblo aparte, de casas con ventanas de redes metálicas, calles bordeadas de palmeras, mesitas blancas en las terrazas, ventiladores de aspas y extensos prados”. Los antiguos comerciantes, artesanos, o dueños de tierras se convierten en asalariados agrícolas, pero además, la fuente de trabajo creada por la compañía, atrae a MACONDO a una multitud de forasteros; esta segunda, masiva inmigración cambia por completo el aspecto y la vida del pueblo. Surge un pueblo de diversión y para los forasteros “ un tren cargados de p... inverosímiles”. Llega el primer automóvil y el poder de la compañía comienza a tener influencia política. Se producen cambios en la estructuras burocráticas y se da comienzo a unos enfrentamientos de conflictos sociales que degenera en un huelga general brutalmente reprimida por el ejército.
La fuerza de la naturaleza se hace presente en un diluvio que adquiere rango de cataclismo y con ello el abandono de la compañía que desmantela sus instalaciones y se marcha. Pero tras de ella se van también los miles de forasteros que atrajo la fiebre del banano. Ese lugar donde florecieron las plantaciones, se convierte “en un tremedal de cepas putrefactas”. MACONDO inicia una existencia monótona y ruinosa de aislamiento y pobreza, hasta convertirse “en un pueblo muerto y deprimido por el calor”. Otro cataclismo terminará con él y con los pocos supervivientes que lo habitan, esa sociedad había cumplido ya con su ciclo existencial, llegado a extremo de la decadencia. Mario Vargas Llosa dice que CIEN AÑOS DE SOLEDAD es una novela total por su materia, en la medida en que describe un mundo cerrado, desde su nacimiento hasta su muerte y en todos los ordenes que lo componen – el individual y el colectivo, el legendario y el histórico, el cotidiano y el mítico- y por su forma, ya que la escritura y la estructura tiene como la materia que cuaja en ellas, una naturaleza exclusiva, irrepetible y autosuficiente. Carlos Fuentes le escribe a otro portento de la literatura latinoamericana, Julio Cortázar y le dice: “Acabo de leer el original de CIEN AÑOS DE SOLEDAD. Es una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora. Me siento nuevo después de leer este libro, como si le hubiese dado la mano a todos mis amigos. ¡Que prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario! Esa novela, continúa Fuentes, es una generación y una regeneración infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin. Definitivamente, Gabriel García Márquez, después de publicar “La Hojarasca”, “Los Funerales de la Mamá Grande”, “La Mala Hora” y “El Coronel no tiene quien le escriba”, resume en “CIEN AÑOS DE SOLEDAD” gran parte de la historia de Colombia, desde la llegada de los conquistadores, la guerra de Independencia hasta las fases conflictivas del Siglo 20. Los procesos socio- políticos como la guerra civil entre Liberales y Conservadores, las elecciones, el auge del banano, las huelgas y el poder del capitalismo. De su sugerencia y fuerza alusiva depende en buen número las lecturas virtuales. Ese tiempo histórico aludido, cuyos confines se mencionan con sutileza, ocupan un espacio-tiempo de casi cuatro siglos. La novela hispanoamericana precedente abundaba en rebeliones políticas, alzamientos militares, empresas que desangraban un país, dictadores vitalicios, etc... Todo ello ocupaba con firme presencia los primeros planos del discurso narrativo. En CIEN AÑOS DE SOLEDAD, toda esa materia está contenida, pero trasmutada pues ha pasado de simple anécdota a categoría. Y, con ello, la novela no solo alude a una particular situación colombiana sino a toda la América Latina. Esta obra puede ser considerada como la mejor y más acabada expresión del realismo mágico, porque en el tratamiento de la realidad colombiana se establecen los rasgos distintivos esenciales.
viernes, 31 de julio de 2009
El centenario de Onetti
Luego habrán de venir otras novelas y la colección de cuentos “Un sueño realizado”, “El Infierno tan temido” y “Tan triste como ella”. Pero el tránsito que hay a la madurez y a la autonomía de una obra, que no sólo es inédito en la narrativa hispánica, sino que personajes y recuentos vagan de un libro a otro enriqueciendo el conjunto. “La Vida Breve”, “El Astillero” y “Juntacadáveres” conforman la “Trilogía de Santa María”. Transcurren en esa población imaginaria, habitada por los mismos personajes, cediéndose el protagonismo unos a otros, sin perder ellos su propia especificidad. Onetti es un maestro en esos temas comunes y sórdidos; la soledad, la prostitución, la rutina y el dinero forman un conjunto que en el caso de la “La vida breve” relata el desdoblamiento de un ser tímido y sin aliento, a otro personaje violento que planea un crimen, es aquí donde se da la fundación de “Santa María” un pueblo mítico y ficticio a la usanza de MACONDO con García Márquez y COMALA de Juan Rulfo. “El Astillero” y “Juntacadáveres” están centrados en la historia del personaje Junta Larsen, la última, aunque escrita a posteriori, se refiere a hechos anteriores de Larsen, cuando este proyecta organizar, de manera científica, un burdel en la hipócrita sociedad de “Santa María”. En “El Astillero” se relata el delirio y la derrota del personaje.
En el año 1974, la dictadura de Bordaberry lo encarcela y luego de algún tiempo se le permite ir al exterior. Va a España donde vivirá hasta su muerte 20 años después. En ese exilio, Onetti escribe el epílogo de esa ciudad imaginada con “Dejemos hablar al viento” que es una especie de Apocalipsis de esa ficticia población y de sus reiterados habitantes. Allí hay un personaje extraño y misterioso de apellido Medina, que ejerce la medicina y la pintura, bajo la protección de una prostituta, y que al regresar a “Santa María”, actúa como comisario, sumido en la mayor degradación física y moral. Concluye su ciclo creativo, un año antes de morir, con una especie de testamento onettiano, con la obra “Cuando ya no importe”.
Onetti creó para sí mismo una escritura lacónica, que unido a su particular temperamento, produjo un estilo muy fructífero en la narrativa española. Emir Rodríguez Monegal, el gran crítico literario le preguntó una vez: ¿Qué dones sobrenaturales quisieras tener? Y Onetti respondió, sin titubear, “Hacerme invisible”. Era el reflejo de una timidez que le acompañó durante toda la vida. Hay una anécdota muy reveladora del carácter de este consagrado autor en una conversación con Vargas Llosa. Este le refiere que tiene horarios fijos para escribir y la respuesta de Onetti es de antología: “Mira, lo que pasa es que tu tienes un amor conyugal con la literatura, tú estás obligado a cumplir con tu señora esposa y yo tengo un amor pasión, absolutamente no conyugal, y entonces hago el amor porque me da la gana y cuando tengo gana”.
Concedió muchas entrevistas para la prensa escrita, la radio y la televisión. Fue terco en nunca hablar de su infancia ni de su obra. Decía que después de escritos los libros ya no le interesan. Y en cuanto a narrar su vida, prefirió siempre dejar fuera del campo algún hecho o rasgo biográfico. Creemos que utilizó a los medios para crear su propia desaparición, garantizando así su particular independencia. Recibió muchas distinciones y galardones; fue postulado para el Premio Nobel de Literatura. Muere en Madrid el 30 de Mayo de 1994.
Fiódor Dostoyevski
“Los Hermanos Karamasov” , considerada como una de las grandes obras maestras de la literatura, constituye la expresión artística más poderosa de la habilidad de Dostoievski para traducir en palabras los análisis sicológicos y sus puntos de vista filosóficos. El gran aporte de este extraordinario autor a la literatura universal, consistió en dar un enfoque distinto a la novela, según el cual el que narra ya no está fuera de la obra, relatando acontecimientos más o menos ajenos a él, sino que su presencia se manifiesta con voz propia, como si de otro personaje se tratara. Esta novela la concluyó antes de su muerte, acaecida el 28 de Enero de 1881, en la ciudad de San Petesburgo.
Dostoievski tuvo una infancia bastante calamitosa, para colmo, su padre que era un médico en situación de retiro lo obligó, a los 17 años, a ingresar en la Academia militar, pero al joven no le atraían los estudios técnicos y decide retirarse para dedicarse a las letras. Su primera novela “Pobres Gentes”, es la desgraciada historia de amor de un humilde trabajador del estado. Esta obra fue bien recibida, por su tratamiento favorable a la clase más pobre, víctimas de sus terribles circunstancias. Era una novela muy novedosa, que añadía la dimensión sicológica a la puramente narrativa, en su análisis de los conflictos del protagonista observándolos desde su propio interior. En su novela “El Doble” y otros cuentos que escribió en los años siguientes, el autor explora las humillaciones y el consecuente comportamiento de los más necesitados. En 1849 su carrera queda literariamente detenida. El se ha unido a un grupo de intelectuales que leen y discuten teorías de escritores socialistas franceses, prohibidas entonces por la Rusia Zarista. Un informante de la policía logró infiltrarse en las reuniones y los denuncia. Son detenidos y juzgados muy severamente. Se les condena a ser fusilados, pero posteriormente esta pena es conmutada por una prisión de 4 años de trabajos forzados en Siberia y luego a servir a su país como soldado raso. Este período lo lesiona físicamente, produciéndole una epilepsia que le va a durar el resto de su vida.
En su obra “Memorias de la Casa Muerta”, el escritor narra, con detalles, el sadismo y las condiciones infrahumanas y la total falta de privacidad entre los presos, resultado de su experiencia, puesto que él, considerado un caballero, es tratado con todo desprecio. Ello produjo en él un cambio espiritual y psicológico. En aquel período, sus lecturas, limitadas a la Biblia, le llevaron a rechazar el ateísmo socialista, de tendencia occidental, que había tenido en su juventud. La vida de Jesucristo y sus enseñanzas, se convirtieron en la suprema confirmación de las ideas éticas y de la posibilidad de la salvación a través del sufrimiento. La brutalidad de los delincuentes, salpicada en ocasiones por gestos de valentía y generosidad, y por sentimientos de nobleza, le ayudaron a profundizar en su conocimiento de la complejidad del espíritu humano. Después de liberado es enviado a una guarnición militar en la Mongolia, donde transcurre los próximos cinco años. Al concluir esta etapa, recibe permiso para regresar a San Petersburgo, previo a ello se ha casado con una viuda aquejada de una tuberculosis crónica. Esta unión no lo hizo feliz, todo lo contrario, padeció las consecuencias de la enfermedad de su mujer y del mal carácter de ella.
Retoma su carrera literaria y en unión con un hermano, producen la publicación de una revista mensual a la que denominan “Tiempo”. Allí publica, en capítulos, “Memorias de la casa muerta” al igual que una nueva novela a la que titula “Humillados y Ofendidos”. En esta melodramática historia el autor ruso nos ofrece por primera vez el tema de la redención y el logro de la felicidad a través del sufrimiento. En ese texto se puede leer esta dramática descripción: “En verano, encierro intolerable, en invierno, frío insoportable. La suciedad en los pisos tenía una pulgada de grosor, uno podía resbalar y caer. Éramos apilados como anillos a un barril. Ni siquiera había lugar para dar la vuelta. Era imposible no comportarse como cerdos, desde el amanecer hasta el atardecer. Pulgas, piojos y escarabajos por celemín”.
Realiza su primer viaje al extranjero y ello queda reflejado en “Notas de invierno sobre impresiones de verano” que es un ensayo sobre el cual describe la mecánica monotonía de la cultura occidental. La revista es clausurada debido a la publicación de un artículo considerado por las autoridades de carácter subversivo. Esto no los amilana y producen una nueva llamada “Época”, también de corta vida. Aquí publica la única novela de corte filosófico. “Memorias del subsuelo” Esta obra es considerada como el prólogo de las mayores que el está destinado a producir. Se trata de un rebelde contrario al materialismo y al conformismo imperante en la sociedad, constituyendo el primero de los antihéroes enajenados de la literatura moderna. Fallecen, casi simultáneamente su mujer y su hermano y se ve obligado a cancelar las deudas que éste último ha dejado. Esto lo deja prácticamente en la ruina, y un editor, poco escrupuloso, le cede un dinero a cambio de que en menos de un año le entregue los derechos de una novela completa. Cumple el cometido en el plazo y da la obra “El jugador” que es un poco un retrato suyo por su propia pasión por la ruleta. Esta novela es mecanografiada por una secretaria con la que después se casa y logra su felicidad y satisfacción.
Los siguientes años los pasa fuera del país, entre otras razones, para escapar de sus acreedores. Es en este período donde produce sus mejores creaciones y obtiene reconocimiento internacional. Su esposa le da cuatro hijos, que conforman la alegría de su hogar, sin embargo, uno de ellos fallece a edad muy tierna y eso es una profunda tragedia en la familia. Vive cuatro años fuera de su país. Lo hace en Ginebra, Florencia, Praga y Dresden, En ese tiempo publica “La mujer extranjera”, “Navidad y boda” y “Un esposo celoso”. En 1880 pronuncia un memorable discurso en la inauguración del monumento a Alexander Pushkin, uno de los más grandes y exquisitos poetas rusos, muerto en duelo defendiendo el honor de su esposa. Allí expresa su parecer sobre el destino de Rusia en el mundo. La obra de Dostoievski está considerada como un compendio de la naturaleza humana de los seres mas desvalidos de la sociedad de entonces, Es legendaria su frase: “El rico más depravado acabará por avergonzarse de sus riquezas ante el pobre”. El 28 de Enero de 1881, entrega su alma al creador, previo a ello, le pidió a su esposa, y así está grabado en su lápida, el texto del versículo: “En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo que cae a la tierra no muere, queda solo. Pero si muere, produce muchos frutos”.
Reconocimiento a la excelencia
Este logro ha venido a recordar que Venezuela es mucho más que la sede del folclor autocrático y destructor de la historia. Es necesario recordar que una empresa de las magnitudes del Sistema Nacional de Orquestas no podría haber surgido ni prosperado sin el liderazgo excepcional del Maestro Abreu, tampoco hubiese sido posible si no hubiera contado, desde sus inicios, con el apoyo de los sucesivos gobiernos y del sector privado, desde hace más de tres décadas. Ha sido una ayuda invalorable, con una fe absoluta, con unas consideraciones muy especiales, sin coerción ni exigencias indebidas para quien ha sido su creador y un gran servidor de la patria. Abreu es, sin duda, un campeón de la tenacidad, de la entrega y del testimonio. Esas características que definen a los grandes líderes: su dedicación a la obra casi raya en la locura, su pasión no conoce el desánimo y su austeridad son como las de un monje, que convencido de su verdad, ha entregado su vida a la misión.
Todo ello le confiere al Maestro Abreu una notable credibilidad que cada día refuerza con el diseño de un plan estratégico, claro y sostenido. Esas virtudes lo han llevado a ejercer influencia sobre mucha gente para que se comprometan con los logros y objetivos que el trazó hace ya algún tiempo. Abreu, al conocer la maravillosa noticia, dijo en rueda de prensa: “ Desde el principio sabía que esto iba a tener un inmenso futuro”. Y desde el principio supo convocar lo que es un rasgo preponderante del líder. Logró no solo el apoyo de los gobiernos, sino que Empresas privadas como CANTV, POLAR, BANESCO, BANCO CARIBE, constituyeron pilar de proyección y apoyo financiero para un proyecto maravilloso. Ellos se deben sentir regocijados y reconocidos por el Premio “PRINCIPE DE ASTURIAS”. También tienen su cuota de aporte la Corporación Andina de Fomento y el Banco Interamericano de Desarrollo. Por supuesto, hay centenares de pequeñas empresas que colaboran con más de 140 orquestas diseminadas por toda la geografía. Es el sector privado de la economía al servicio de una causa que reconforta y sublimiza el espíritu.
Esas orquestas o núcleos como las define el sistema, conforman la piedra angular del éxito del Maestro Abreu, porque descentralizó y regionalizó su ambicioso sueño, lo hizo llegar a la gente, a todos los confines de la República. Y todos han empujado en la misma dirección. El Sistema partió con la ventaja de ser desde sus comienzos una Fundación del Estado, que le garantizó protección y dio confianza a los privados. Siempre tuvieron y han tenido autonomía plena para todas sus actividades. Ya son muchos los proyectos concretados en el transcurrir del tiempo. Las Voces Blancas, el Sistema de Orquestas Penitenciarias, la proyección internacional, tanto del conjunto como de muchas individualidades, todo esto le va dando sentido y contenido a una obra de trascendencia. Cuando vimos al Maestro Abreu, acompañado de algunos de sus alumnos, recibir el Premio y luego en el discurso del Príncipe Felipe, las elogiosas expresiones para la Orquesta, el Maestro y Dudamel, sentimos en nuestros corazones el inmenso orgullo del gentilicio venezolano.¡BRAVO MAESTRO!
sábado, 11 de julio de 2009
El Simón Bolívar de Elías Pino Iturrieta
En 1946, el poeta Andrés Eloy Blanco pronunció un discurso en Ciudad de México, con motivo de la inauguración de la estatua ecuestre de Simón Bolívar. Fue una oración de hondo contenido sobre “el hombre del sombrero de paja y el hombre del sombrero de bronce”. Es un intento, en apretada síntesis, de revelar la dimensión del Libertador, que trata de equilibrar la admiración de lo heroico y la propia condición de ser humano. Para decirlo en palabras de Simón Alberto Consalvi, cuando se refiere al libro de Elías Pino: “ha escrito la biografía del grande hombre sin falsos atributos, el que siempre quisimos reencontrar”. De Bolívar se han ocupados muchos y en todos los tonos. Algunos para descargar en sus escritos las iras y malquerencias; otros para endiosarlo de una manera indebida. Por ello, la obra de Elías Pino es la presentación del héroe como “un grande hombre”, con sus maravillosas virtudes y sus flaquezas. Es el recorrido por el estratega genial frente a Morillo y el déspota que envía a la cárcel a su admirado Francisco de Miranda. Y al que no le tiembla el pulso para ordenar el fusilamiento de Manuel Piar, un hombre con las condiciones para sucederle. Es un texto lleno de pasajes reveladores de lo que una vez Ortega y Gasset dijera: “El hombre y sus circunstancias”. La terrible disposición suya de ordenar pasar por las armas a todos los españoles presos en La Guaira, sin excepción alguna. Pero al mismo tiempo recordar ese estupendo pasaje de Pativilca en 1823, cuando un Bolívar enfermo, extenuado, ante la pregunta de Mosquera. ¿Qué hacer? La respuesta pedagógica y admonitoria, a pesar de la distancia, en una palabra de sólo ocho letras ¡TRIUNFAR!
Pino no está muy convencido de la autenticidad de este diálogo, sin embargo lo relata como un ejemplo de tenacidad para organizarse en su arduo trabajo militar. Cada página del libro es una cronología del biografiado. Nos acerca al “Manifiesto de Cartagena”, a la “Carta de Jamaica” y al “Discurso de Angostura” en forma tal, que elimina o desbroza todos los agregados que muchos historiadores han añadido para resaltar al héroe. Es como lo expresa el autor: “Un esbozo que pretende una interpretación diversa debe intentar una relación del insólito ascenso con el personalismo que no ven quienes confunden un prócer con una estatua de bronce”. Hay una estupenda reflexión presente desde el propio inicio del libro. No con la disposición de darle más mérito al Libertador, mucho menos de escamoteárselos, sino con el propósito de ubicar al hombre en su espacio-tiempo y no estudiar las palabras y las acciones fuera del contexto en que se sucedieron. Es a su vez, una honda reflexión que le sirve a Elías Pino como asidero para evitar las tentaciones del culto y de la exagerada exaltación. La vida de Bolívar se nos dibuja en su plenitud, sin obviar sus momentos de flaqueza, esa debilidad que también forma parte indisoluble de la personalidad del héroe. Ya hemos dicho que mucho se ha escrito sobre Bolívar, pero estamos frente al contenido de un texto que lo describe en su esplendor y en su sombra. Pino se cuida de no caer en la trampa del elogio desmedido o de la crítica mordaz.
Se hace una especie de acercamiento entre el autor y el biografiado, para develarnos el quiebre o caída de Bolívar luego de estar en lo más alto de la cima. Ya se ha consagrado como el Libertador de la Gran Colombia y como su suprema autoridad, luego de vencer a los españoles en decisivas batallas, por supuesto, la más importante, la de Carabobo. Es por ello que se hace acompañar en su reflexión con una imagen, para que ella sea la que revele o defina el momento en el que el ascenso se convierte en caída, acude a José Domingo Choquehuanca, quién dirá: “Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina”. O como la vigente hipérbole del uruguayo José Enrique Rodo: “Si el sentimiento colectivo de la América libre y una no ha perdido esencialmente su virtualidad, esos hombres, que verán como nosotros en la nevada cumbre del Sorata, la más excelsa altura de los Andes, verá cómo nosotros también, que en la extensión de sus recuerdos de gloria, nada hay más grande que Bolívar”. No se imaginaron nunca, ni el peruano ni el uruguayo que la imagen que escondían sus frases de admiración, con el transcurrir del tiempo, estaba latente el grave elemento de un culto al héroe más allá de lo conveniente. Ese Rey Fernando VII, quien por “mandato divino” había llegado al poder, y el Libertador que lo despoja de su trono, para convertirse, en el imaginario colectivo, en el enviado de Dios. En la catedral de Lima, se comenzaba ese culto con aquello “De ti viene todo/ lo bueno Señor/ nos distes a Bolívar/ gloria a ti buen Dios” Es así como crece y se expande la sombra del heroísmo; en el momento preciso en que deja de percibirse como sombra y se malinterpreta como parte de su esplendor, como parte de la gloria. Olvidándonos, como bien lo apunta el autor, de que a pesar de su inconmensurable grandeza, Bolívar sólo fue un hombre.
El final del libro, se siente que poco o nada queda de aquellas rimas con las que rezaba en la catedral limeña. Los últimos capítulos, están dedicados a los años finales de su existencia, en los que la caída comienza a ser un hecho cierto. En el bando de quienes le apoyan y en el de los que le adversan, son las mismas acciones de Bolívar las que generan veneración u odio. Se ve obligado a adoptar medidas muy inflexibles para consolidar su autoridad y aquí se asemeja, paradójicamente, al despotismo de Fernando VII. Esas medidas, dependiendo quien las interprete, son catalogadas por algunos como “predicamento de persecución política” y otros las entienden “como eficaces a favor de la estabilidad”. Los limeños dejan de entonar las rimas de agradecimiento a Dios por la presencia de Bolívar y las sustituyen por otras, cargadas de odios y denuestos. “Cuando de España las trabas/ en Ayacucho rompimos/ otra cosa no hicimos/ que cambiar mocos por babas/. /Nuestras provincias esclavas/ quedaron de otra Nación/ mudamos de condición, / pero sólo fue pasando/ del poder de Don Fernando/ al poder de Don Simón/.
Elias Pino, historiador de altos quilates y profundo investigador de la materia, nos entrega una biografía de Bolívar, en su grandeza y en su caída, con gran admiración por el personaje, evita caer en la distorsión que suele acompañar un encuentro con la figura heroica. Ayer Andrés Eloy Blanco, oteando el horizonte, en su magnífico discurso de México, hace una desmitificación del ilustre caraqueño. Elías Pino, por su parte, en un trabajo mucho más laborioso, nos da una referencia histórica, para que intentemos entrever el futuro que nos espera.
Diógenes Escalante o el Pasajero de Truman
Escalante fue un diplomático que sirvió desde las administraciones de Castro, Gómez y López Contreras. Era un hombre culto, de porte distinguido y con una visión moderna de lo que debía ser un Estado y un país en proceso de cambio. Embajador en Londres y EEUU, había establecido relaciones personales con jefes de Estado, políticos e intelectuales que le conferían una magnífica perspectiva del quehacer en Venezuela. Por tres veces tuvo oportunidad de ser Presidente. La primera, cuando Gómez le llama estando en Londres y se va a producir un cambio en el Ejecutivo Nacional. Gómez piensa asumir la jefatura del Ejército y dejar en la Presidencia a un designado por él. Sin embargo el escogido es el Dr. Juan Bautista Pérez, quien solo dura un breve tiempo, ya que Gómez reasume el poder hasta su muerte. Luego, cuando está a punto de fenecer su mandato, el General López Contreras propone la candidatura de Escalante, pero la oficialidad se opone porque no es militar, y es designado el General Medina Angarita. Finalmente, cuando ya todo está decidido a su favor, y regresa a Venezuela desde Washington, una inesperada enfermedad mental lo imposibilita.
Francisco Suniaga escribe una obra “El Pasajero de Truman”, que es una narrativa cautivante, bien documentada y muy reflexiva sobre un pasaje conmovedor sobre la historia política venezolana. Es una novela que nos lleva al trágico desenlace de este brillante diplomático tachirense que pudo haber sido Presidente y que el infortunio impidió su ascenso al poder. Visto a través de dos personajes centrales, Humberto Ordóñez y Román Velandia, recuenta una historia. que es a su vez, radiografía de un pasado en el que se ponen de relieve miserias y obsesiones de parte de políticos que coloca sus ambiciones por encima del bien nacional.
“El Pasajero de Truman” es el infortunio de Diógenes Escalante, un hombre a punto de ser Presidente; que estaba preparado mejor que muchos, en el proyecto político necesario para que Venezuela saliera del atraso económico, político y social de su época. Contaba con el apoyo de Medina y López Contreras, Betancourt, Jóvito Villalba y otros destacados líderes del momento. Era el escogido para hacer la transición del oscurantismo hacia la democracia. Un azar terrible lo descubre como un ser desequilibrado mentalmente y lo pone fuera del juego en donde sería protagonista. Ha sido una jugarreta del destino, que lo aparta por tercera y última vez de su opción presidencial.
Ante el hecho, Medina lo hace regresar, con mucha discreción, a los EEUU, en donde fallecerá muchos años después, en una triste situación, porque se convierte en un desterrado de la historia de Venezuela. Una de las cosas más interesantes que logra Suniaga en su obra, es presentarnos, visto por dos testigos de excepción, en la compenetración de un personaje que fue interprete de una época y con la obsesión de sacar a Venezuela del subdesarrollo. Es una narrativa de realidades, vicios y defectos de la sociedad de ayer, muchos de los cuales, paradójicamente, aún imperan. La ética era un valor de segundo orden. Escalante que había comenzado su carrera diplomática desde los tiempos de Cipriano Castro, era un ejemplo de probidad y honestidad intelectual, con un acendrado concepto del valor familia, de la decencia y del buen gusto por las cosas superiores de la existencia. Suniaga describe con mucha exactitud y apego histórico, el ambiente político del momento. López Contreras presionaba por su elección. Su influencia en el mundo militar y en el propio Congreso eran importantes pero no absoluta. Los sectores de la oposición perciben los riesgos con mucha sensatez que la propia historia no ha terminado de reconocerle.
“Con el pañuelo en la nariz” fue la frase empleada por Rómulo Betancourt, para definir la aceptación de que aquel Congreso gomecista eligiera al Presidente. Enrique Bernardo Núñez propone la idea de una Asamblea Nacional Constituyente; por su parte, Antonio Arraíz exclama; “Dictadura antes que continuidad del Congreso”. López Contreras es elegido en 1936 y ese Congreso se legitima y se prolonga en el tiempo. Cinco años después, en 1941, ese Congreso volverá a repetir la hazaña de elegir a otro Presidente. López, al final de su período, propone a Escalante, pero el Ejército se opone con el argumento de que no es militar y surge la candidatura del General Isaías Medina Angarita. Aquí comienzan a aflorar malquerencias y antagonismos que harán crisis posteriormente, en 1945. Si bien es cierto que el General Gómez había muerto, permanecían casi intactos los elementos que le daban sustentación al gomecismo. Era, al decir de Alberto Adriani, “un estado social”. López comienza su gobierno con una reducción del período de 7 a 5 años; y si bien es cierto que apresó a muchos opositores e incluso los extrañó del país, se le reconoce que su mandato es el inicio de la transición hacia la democracia. Ese período se conoce popularmente con el nombre de “quinquenio socarrón”. Llegado el momento de elegir a otro Presidente, el novelista Rómulo Gallegos, presenta su candidatura, que es considerada simbólica, dada la forma de elección. Desarrolla una intensa campaña por todo el país, con grandes movilizaciones populares, con nuevas ideas, propuestas de cambio y avanzada social. Es elegido Isaías Medina y su gobierno marca una gran diferencia en el respeto y la tolerancia hacia los sectores opositores. No hay presos políticos ni exilados, se respira un gran ambiente de libertad y la prensa puede publicar con absoluta seguridad de que no habrá censura. Pero en la calle ha surgido un movimiento político que encarna Acción Democrática con su líder Rómulo Betancourt, que exigen cambios en la estructura del Estado, pero particularmente esbozan una tesis que pronto cobra cuerpo en la conciencia nacional: Elecciones libres para Presidente y Congreso; derecho de todos los venezolanos a elegir a partir de los 18 años y darle a la mujer ese mismo derecho que le era vedado hasta entonces. Este ambiente es el que provoca el acuerdo para que Diógenes Escalante sea el escogido como Presidente, con la promesa de promover esos cambios constitucionales. Así se acuerda en una reunión en los Estados Unidos, entre la dirigencia de AD y el Embajador Escalante.
La grave crisis mental del candidato se inscribe como un hecho fatal en 1945. Enferma en Agosto y el tiempo apremia. Medina tiene la posibilidad de continuar con el acuerdo y buscar el consenso con otro hombre. Lamentablemente, en Septiembre sorprende al país con el anuncio de la candidatura de Ángel Biaggini, su Ministro de Agricultura; lo demás es historia conocida. Llega el 18 de Octubre y la unión cívico-militar produce el golpe que lleva a Rómulo Betancourt a la Presidencia de la Junta de Gobierno. Se convoca a una Asamblea Nacional Constituyente, se sanciona una nueva carta magna, se realizan las primeras elecciones libres y triunfa Rómulo Gallegos.
Francisco Suniaga, margariteño, abogado, periodista y ahora novelista, con esta obra se sitúa en el lado de la reflexión y el ensayo político-histórico, tal vez más que del literario, que si se observa en su primera novela “La otra Isla”. Con una gran capacidad, traslada la crítica a la Venezuela del presente, utilizando con brillantez, tanto los hechos y opiniones de los personajes de 1945. Igual con lo que pudiéramos denominar punto de inflexión de la democracia del Siglo XX y traza con mucha lucidez la línea entre dos períodos, separados ambos por más de 60 años, tan diferentes y a la vez tan similares. Reconforta ver a este nuevo escritor del cual estamos ansiosos de otras creaciones. Al igual que Herrera Luque, este autor margariteño, explota muy bien la novela histórica, la historia fabulada que nos da acceso a una parte del pasado que muchas veces las fuentes no son capaces de mostrarnos. Allí está presente la memoria colectiva.